
Hay ciertos temas que casi siempre terminan metiéndose en todo lo que escribimos por acá.
Nunca nos cansamos de tirarlos sobre la mesa, con cualquier excusa.
Uno que sale mucho, sin dudas entre mis favoritos, es el de los sentimientos del hincha por equipos ajenos al suyo.
Se intentan buscar razones como para explicar el origen de la simpatía, odio, lastima o indiferencia que nos genera la existencia de cualquier club que no sea el nuestro.
En ciertos casos, tales sentimientos surgen al asociar personas que conocemos con sus respectivos clubes.
Hay cierta lógica afectiva que nos hace desear que le vaya bien al cuadro de un ser querido, y mal al de uno que despreciamos. No siempre, claro.
Aunque no creo que en la mayoria de los casos funcione asi.
Generalmente se trata de una decisión arbitraria, carente de todo sentido. Nos cae mal un equipo por los colores que defiende, por un jugador, porque su nombre nos suena horrible, o por demás razones igualmente ridiculas.
En mi caso, agrupo equipos mentalmente en tres grandes y caprichosas categorías.
- Los que me generan cierta simpatía , y no les deseo el mal. Pocos: Gimnasia LP, Huracán, Banfield, Dock Sud.
- Los que podrían dejar de existir sin que eso me afecte en nada y gozan de mi total indiferencia. La gran mayoría. Ej: Olimpo, Estudiantes, Newells, Quilmes, etc.
- Y los que siempre detesté. Por rivalidad histórica: River, y los otros grandes. O por simple odio irracional: Arsenal, All Boys, Colon, Velez.
Sobre todo Velez.
Empecé a odiar a Velez cuando todos los que no somos de Velez comenzamos a odiarlo. Mediados de los 90, cuando dejó de ser chico y ganó todo. Cuando Boca no ganaba ni las copas de verano.
El inicio de ese odio estaba manchado de una envidia muy poco sana, esto hay que decirlo. Creció, a su vez, alimentado por jugadores detestables como Trotta o Chilavert. Puede que Chilavert sea el jugador que mas haya puteado en mi vida; aun cuando, secretamente, lo deseaba en mi equipo. Lo dicho: odio irracional.
El asunto es que no me cae bien Velez.
Muy a pesar de eso, resulta que una vez, alla por 1994, me tocó ponerme su camiseta, jugando para el mejor equipo que alguna vez me haya tocado integrar.
Esa fue la unica vez que me puse una camiseta de un club argentino que no sea el mio. No solo me la puse, sino que la defendí con el alma.
Tal vez eso tambien tenga que ver con mi odio a Velez.
Tal vez tenga guardada esa camiseta en las profundidades de algún cajón.
Eso no importa, lo que quiero dejar claro aca es que odio a Velez.
Y que nunca me comí el chamuyo ese que pone al amor a un paso del odio.
O casi.