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lunes, 14 de febrero de 2011

LOS "DISTINTOS"


Debo comenzar con algo digno de antipatía. No me gusta Riquelme. No sé porqué. Mi rencor no nace de lo que ha hecho con la camiseta de Boca, sino más bien con la celeste y blanca. Como hincha que deseaba lo mejor de él.

Ahora bien, desde hace años, la opinión del 90% de los que miran fútbol me invita a recapacitar. El último hecho en esa línea fue el campeonato pasado. Viendo a Ortigoza, buen jugador, provacador de contrarios; que en vez de festejar la victoria de Argentinos en la bombonera, se dedicaba a deshacerse en elogios con el diez de Boca. Confesaba incluso haberlo elogiado mientras lo efrentaba mano a mano en la cancha. Un tipo que jugaba torneos por plata, un tipo que insulta a su madre de ser es necesario.

El otro día, el tipo (Riquelme), con su tono cansino, hizo a la pasada -y sin anunciarlo- una lista de los “distintos” del campeonato que arrancaba. No sólo tenía absoluta razón. Sino que además encuentro en cada uno de esos distintos algo de él. El Mago Ramírez, Giovani Moreno, Veron, la Gata Fernández (algo sabe para hacer esos goles pesando 60 kilos), Romagnoli, Ortigoza (5 que es 10) y Erviti.

Mal que me pese debo coincidir absolutamente. Debe haber algunos más, sin duda y no todos me caen simpáticos; probablemente por alguna de las características riquelmeanas que cada uno ostenta (Ramírez por ejemplo dice que no le gusta el fútbol).

Qué es lo riquelmeano, se pregunta el filósofo futbolero. En principio, diría que no es solo jugar bien. Es eso pero sumado a algo peleado con la efectividad.

Cuando yo era chico, antes del partido elegía al que me parecía el mejor de los contrarios. Acto seguido, me proponía no dejarlo jugar en todo el partido (test vocacional de antifútbol).

El tipo de jugador que describía Riquelme (y al que sin dudas pertenece) es “distinto”. Uno enseguida se preocupa en marcarlos porque vienen con fama de buenos. Los sigue, los sigue y los sigue. Y -en sus peores tardes- uno cree haberlos marcado bien. Los tipos están en otra. Se les escapa una bocha fácil. Se enojan consigo mismos. Nosotros nos entusiasmamos. Creemos el laburo terminado. Quince minutos antes del final (si el técnico tuvo el coraje de bancarlo), por algún motivo lo dejamos recibir en un costado (“para qué lo voy a marcar ahí”). Y ahí, ahí nomás, sin decir nada, ni pensarla siquiera, se la clava en un ángulo al arquero. El arquero y yo nos miramos. Queda poco por decir.

Gente que entiende el fútbol y uno no los entiende a ellos. De la tribuna los putearan por “laguneros”. Gente rara. Recuerdo a Riquelme campeón intercontinental ni bien terminado el partido que en vez de festejar perseguía a Figo para que le cambiase la camiseta (que él había prometido a su papá).

Con todo debo ser sincero: Riquelme no me cae bien. Buena parte de los quilombos internos de su amado Boca, me parecen su culpa. Como también son responsabilidad suya varias de las estrellas del escudo. Jugando con la selección siempre me puso nervioso. Finalmente, creo que es un problema para Falcioni como adaptar su amarrete 4-4-2, al juego del 10. Como no soy de Boca, amarlo de modo irracional, no es una opción.

Sin embargo, si me puse a escribir esto no fue para criticarlo sino para reconocer que en este juego que amo, el tipo es un distinto, integrante esencial de una especie esencial; que de algún modo se me escapa.

Para el final, una escenita de hoy entre rústicos y dotados.

Hugo Barrientos (5 de All Boys, pegador vende humo y medio mala leche) se pasó la tarde atediendo en cuanta jugada pudo, a Gio Moreno. A los diez del segundo tiempo, el colombiano se cansó y amagó protestar. Algo dijo. Barrientos le respondió: “ahora sí te voy a pegar”. Eso también es fútbol.

PD: acabo de ver que Ronaldo mañana anuncia que se retira. Merecería un gran post (de la línea “reyes”). Pero estoy cansado de tanta melancolía.