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miércoles, 15 de junio de 2011

Palermo Viejo



Por el Mariscal Boldini

La Chicha saca las milanesas del horno (fritas me caen pesadas), me sirve una en el plato y se sienta. En la televisión pasan algún resumen de los medios. Algo se trae. Conocerla me ha llevado a no siempre saber que esperar de sus reflexiones. Me mira: “Estamos viejos”

Palermo está con una capa azul y amarilla y millones de hinchas lloran y se emocionan. La Chicha ha sabido comprender que Palermo como tantas otras cosas, serán la marca de una época. Decir que lo vimos en la cancha -no en la Bombonera, por favor!!- será decir mucho de uno mismo. Yo creo que son accidentes de la vida, o mejor dicho adjetivos. Postales. En mi infancia, por ej lo fueron Monzón, Olmedo o Alfonsín en plena hiperhinflación.

Siempre recuerdo una tapa de Rolling Stone del año 2000 que decía "LA VIDA CUMPLE 50 AÑOS DE CHARLY". A algo de eso me refiero. Gente que con el tiempo uno dirá ha visto. Y le contarás a un hijo cómo ese quinto máximo goleador del fútbol argentino supo errar tres penales en un mismo partido.

Bosteros o no, importa poco. Mi viejo hablaba de ese modo de Nicolino Locce y de Corbata. Mi tío, de Houseman y del Bichi Borghi. Yo aún no elegido mis mitos, pero tengo una bella lista, de situaciones, de partidos. Algunos de ellos, junto con un amigo, los estamos volcando en este blog desde hace un año y medio.

Volviendo al comienzo, hay algo cierto, estamos viejos.

Yo lo vi debutar a Palermo. Cuando era suplente en el Estudiantes campeón de la B. Cuando era simplemente un loco. Vestido de mina y con ese naso. Luego tuve que soportar su momento más alto, ganando todo con Bianchi y poblando las calles de niños rapados y con un flequillo teñido de rubio. Sobre los últimos capítulos, ya algo escribimos; la lluvia, el gol en el mundial.

Qué impresión cuando algo vivo pasa a ser parte de la historia. Atahualpa Yupanqui decía que el modo más hermoso de inmortalidad era ese imposible de comprar –sólo ganable en el transcurso de una vida- que era pertener a la memoria popular.

Cómo reconocerlo?

Sentirse un poco viejo.